Detalles históricos de La Nona (3 de 4): los Ford Falcon

CARMELO: Está de turno otra vez. Pobre nena. Lo que es el farmacéutico ese debe ganar bien. Dos por tres cambia de auto. Hoy se vino con un Falcon.

 

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Ford Falcon de fabricación argentina.Foto de JasonVogel – CC BY-SA 3.0 (imagen obtenida de Wikipedia)

Hay coches que son un icono de una época y un país. Si hablamos de España, ese lugar lo ocuparía el SEAT 600 (o en menor medida, el Biscúter), y si nos vamos a Argentina, estaríamos hablando del Ford Falcon.

Después de la Segunda Guerra Mundial la diferencia entre EE. UU. y Europa en materia de coches era el tamaño: los conductores europeos no podían permitirse los grandes vehículos americanos, por lo que los coches del viejo continente eran más bien pequeños y con un interior muy bien aprovechado. En 1958 EE. UU. sufrió la llamada «recesión de Eisenhower», una crisis económica que empujó a los ingenieros de Ford a diseñar un nuevo modelo que, imitando a los europeos, tuvo un tamaño mediano y espacio para seis plazas. El Ford Falcon se volvió muy popular en EE. UU., Argentina y también en… Australia. El Interceptor que Mel Gibson condujo en las dos primeras entregas de Mad Max era ni más ni menos que un Falcon.

Este coche empezó a fabricarse (con piezas de EE. UU.) en Argentina en 1961 y causó tanta sensación que se convirtió en el modelo más vendido durante muchos años. El gobierno proteccionista de Arturo U. Illia quiso defender el mercado interior de este país, por lo que en 1963, al mismo tiempo que anulaba los contratos de venta de yacimientos de petróleo a empresas extranjeras, impuso que los Falcons argentinos empezasen a fabricarse con piezas nacionales.

La gran difusión del Falcon empezó a bajar en 1983 a medida que subían los precios de los carburantes hasta que, finalmente, en 1991 la empresa decidió dejar de fabricar este modelo. Para celebrar este evento, Ford subastó entre sus seis mil empleados el último Falcon que salió de la cadena de montaje. El afortunado ganador fue Emilio Félix Pogliotto, un hombre de treinta y un años que en realidad no llegó a conducirlo nunca porque el sueldo no le llegaba para pagar el combustible. En 2009 lo puso a la venta por treinta mil dólares.

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